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Revista Petits

Impulsividad y agresividad en los niños

Psicologia
Autor: Carla Morte Hernando

Este mes, Carla Morte Hernando, psicóloga de GABINET PSICOLÒGIC MORTE HERNANDO, nos habla sobre la impulsividad y la agresividad, y nos da pautas de actuación para poder corregirla. 
¿Qué relación existe entre la impulsividad y la agresividad?
La impulsividad y la agresividad constituyen rasgos de la personalidad estrechamente relacionados. La impulsividad, en ocasiones, puede dar lugar a conductas agresivas, estimándose la impulsividad como uno de los predictores más significativos de la agresividad.
¿Cómo es la intervención psicológica en el tratamiento de la impulsividad y la agresividad?
Se facilitan recursos que permitan mejorar la autoestima, la asertividad, las habilidades sociales o el autocontrol emocional, así como el entrenamiento en técnicas de relajación.
La intervención psicológica se aborda desde tres niveles. A nivel cognitivo, ya que es importante identificar y corregir creencias disfuncionales o pensamiento irracionales, y se facilitan respuestas alternativas en la resolución de conflictos. También se trabaja a nivel conductual, ya que se les aconseja a los padres retirar la atención en este tipo de momentos, ya que deben entender que de esta forma no llamarán su atención, sino todo lo contrario. Por último a nivel emocional, ya que es importante identificar indicadores emocionales y trabajar expresión emocional, proporcionando recursos con el objetivo de conocer los propios sentimientos para así poder manejarlos adecuadamente.
¿Qué pueden hacer los padres que se encuentren es esta situación?
En primer lugar, debe quedar claro que el niño no es que no quiera autocontrolarse, sino que no puede. El niño debe aprender, aunque aceptemos el hecho de que tiene dificultades para controlarse, que sus actos tienen consecuencias. Por ello, contingentemente a las rabietas, conductas desafiantes, agresiones u otros, deberemos ser capaces de marcar unas consecuencias inmediatas (retirada de reforzadores, tiempo fuera, retirada de atención, castigo, etc.). 
Es muy importante mantener la calma. Chillar o intentar razonar (no podemos pedirle a gritos a un niño impulsivo que se esté quieto y callado), solo complicaría las cosas. Tenemos que mostrarnos serenos y tranquilos, pero a la vez contundentes y decididos. Los padres deben marcar cierta distancia física, de esta forma el niño recibe a nivel inconsciente un mensaje muy claro: Así no vas a conseguir las cosas.
También podemos introducir las medidas correctoras (castigo) “Papá está triste porque no quiere castigarte, pero tiene que hacerlo para ayudarte a mejorar”. Importante combinarlo con refuerzo positivo, siempre que consiga controlar su impulsividad o agresividad.
No debemos entrar en más discusiones o razonamientos en el momento de activación por parte del niño. Tampoco debemos decirle que es malo, sino que se ha portado mal durante unos momentos y que eso puede arreglarlo en un futuro si se empeña en ello. 
No basta con saber contestar adecuadamente a sus conductas impulsivas. Estos niños requieren también que les expliquemos qué es lo que les pasa y qué pueden hacer. Las reflexiones sobre los hechos nunca deben ser hechas en caliente, sino en frío cuando las cosas se han tranquilizado. Un buen momento es por la noche antes de acostarse.
¿Qué tipo de formato se utiliza?
En el proceso psicoterapéutico de la impulsividad y la agresividad puede utilizarse una intervención a nivel individual, grupal, familiar o combinado. En función de las características individuales del paciente y de la sintomatología que presente, se le propone un plan de intervención a la familia. El comportamiento agresivo surge de la interacción entre personas, por tanto, la intervención grupal resulta muy beneficiosa, dado que requiere de la aceptación de unas normas y el entrenamiento en tolerancia y respeto ante las opiniones de los demás componentes del mismo.