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Revista Petits

LA MIOPIA Y LOS NIÑOS

Salut
Autor: Joan E.Perez. colegiat nº 9675

A ningún padre le gusta que sus hijos tengan que llevar gafas por un problema visual, como pueda ser la miopía, la hipermetropía o el astigmatismo.

La miopía es una condición ocular en la que el ojo está “desenfocado” para los objetos lejanos. El niño miope ve muy bien de cerca sin gafas (para leer o escribir), pero por ejemplo, con solo una dioptría de miopía las cosas se ven borrosas a partir de un metro (pizarra, televisión,…). Y la borrosidad será mayor cuanto mayor sea el grado de miopía.

En la hipermetropía la borrosidad es más acusada cuando se hacen actividades en visión próxima, y el astigmatismo produce una distorsión de los objetos tanto de lejos como de cerca.

Pero si todos estos defectos refractivos provocan borrosidad en una u otra distancia ¿por qué la miopía es peor que la hipermetropía o el astigmatismo?.

Básicamente por dos motivos:

  1. Porque puede ser progresiva (o sea que va aumentando con el paso del tiempo) y ello es habitualmente a consecuencia de que el ojo sigue creciendo.
  2. Porque cuanto mayor es el grado de miopía, mayores son los riesgos de sufrir enfermedades en la retina de adulto.

Las últimas investigaciones sobre la miopía indican que hay factores genéticos y ambientales que influyen en que a un niño le suba más o menos su miopía. Contra los genéticos, de momento, nada se puede hacer, pero sí que podemos actuar frente a los ambientales.

¿Qué son los factores ambientales? Pues todo aquello que envuelve al niño y a su actividad cotidiana. Como por ejemplo la alimentación que debe ser variada, realizar descansos cuando se está leyendo o trabajando con el ordenador, mantener una buena postura corporal y no acercarse demasiado a la tarea, no ver la televisión o jugar a la consola con la sala totalmente a oscuras, realizar actividades al aire libre,…. lo que podríamos denominar normas de higiene visual.

Cuando se le diagnostica miopía a un niño y el profesional de la visión indica el uso de gafas, hay varias cosas a tener en cuenta. El uso de gafas (o lentes de contacto) tiene el objetivo de que el niño vea bien de lejos. Su uso no influye en la evolución del defecto refractivo. Dicho de otra forma, no por el hecho de usar las gafas continuamente vamos a frenar el posible avance de la miopía.

Incluso si pensamos que el niño se pueda operar de adulto de su miopía, es importante que ésta sea lo más baja posible, pues los riesgos de padecer enfermedades de retina se mantienen aún después de la cirugía refractiva.

Teniendo todo esto en cuenta, podremos comprender fácilmente que tan importante es que el niño use sus gafas continuamente, sobretodo de lejos  (para ver bien por la calle, en clase, la televisión, para hacer deporte, en el parque…) como intentar frenar el avance de la miopía, lo que podríamos denominar “controlar” la miopía.

¿Podemos hacer algo entonces para intentar frenar la miopía de nuestros hijos? La respuesta es sí. Existe un tratamiento denominado ortoqueratología u orto-k, en el que mediante el uso de unas lentes de contacto que se usan solo por la noche, mientras se duerme, se moldea la córnea consiguiendo que el paciente (niño o adulto), tras quitárselas al levantarse,  tenga una buena visión durante toda la jornada, sin la necesidad de usar gafas o lentes de contacto durante el día. Hay estudios científicos que indican que este tratamiento ayuda a niños y adolescentes a controlar su miopía, a que no avance tan rápido como con gafas. Además, la ortoqueratología es un tratamiento seguro y reversible.

Para más información sobre la ortoqueratología se puede visitar la página web de la Academia Europea de Ortoqueratología:  http://www.eurok.eu/es.

Nuestros profesionales, Ópticos-Optometristas especialistas en lentes de contacto en general y en ortoqueratología en particular, estarán encantados de resolverle cualquier duda que tengan sobre este tratamiento u otros para el control de la miopía.